Gracias Quini

El pasado 27 de febrero fallecía Enrique Castro “Quini”, tras una crisis coronaria mientras conducía camino a casa por la ciudad que más quería, Gijón.

Jugador de época y leyenda, del que bien se podrían destacar sus siete veces Pichichi en la Liga (cinco en Primera y dos en Segunda, algo que no ha conseguido nadie); su palmarés de 2 Copas del Rey, 1 Copa de la Liga, 1 Supercopa de España y 1 Recopa de Europa; sus más de 300 goles entre el Sporting y el Barcelona; o incluso sus 35 internacionalidades con España; pero Quini era mucho más que un futbolista.

La imagen de futbolista moderno de hoy en día es posiblemente lo más alejado del Brujo. Cercano, humilde, dedicado al club de sus orígenes, el Sporting, Quini paseaba por Mareo y visitaba El Molinón haciendo gala de esos valores que todos podemos considerar sinónimos de su persona.

David Villa, Fernando Alonso, todo el mundo del deporte se acordó de él, hasta el eterno rival, el Oviedo, dejando claro que Quini no era alguien cualquiera y haciendo gala de unos valores que él tanto promovía.

Superó un cáncer de cabeza y cuello, y también un secuestro, del que terminó por perdonar a sus secuestradores e incluso a darle su número a uno de ellos.

Decir solo el deporte es acortarlo cuando no se puede, el mundo necesita más personas como Quini.


Si hubiese que trazar una línea que cubriera toda la trayectoria de este delantero y describirla, sería complicado hacerlo solo con su juego y su técnica; si algo transmiten todas sus entrevistas, por encima del fútbol, es una cualidad ciertamente ajena a los deportes actuales que mueven millones: su calidad humana. Su categoría. 

Álvaro Corazón - JotDown

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